15.11.10

Miss Mundo no me quiere

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En mayo de 2005, luego de que publicara por primera vez un perfil de María Julia Mantilla, fui dilapidado en un correo. Hacía pocos meses ella había sido elegida la mujer más linda del mundo, y quienes la rodeaban -desde el manager, la familia, hasta el maquillador de turno- la trataban no como una nueva estrella, sino como un ángel venido a redimir la fealdad de nosotros los peruanos. O algo así.

María Julia Mantilla, Miss Mundo, no solo era linda, sino que llenaba de luz los lugares que pisaba. Eso se creía. Parecía tan buena, que solo al estrecharle la mano uno se sentía también un poco bueno.

Yo le estreché la mano, la entrevisté en una salita mal iluminada de un edificio de San Isidro, indagué en su pasado trujillano, levanté el tapete de sus cirugías menores, descubrí su mitología, escribí el perfil sin meditar en los heridos y muertos que uno deja, muchas veces sin querer, con cada palabra que pone. Y entonces me llegó el correo.

"Es usted el diablo. Ha hecho llorar a un ángel y hemos purificado cada uno de los lugares que usted pisó".

Hay cosas en las que prefiero no pensar mucho, y para eso existe la tecla delete. Yo borré ese correo, pero no he podido borrar el recuerdo de ese correo, y menos de esas líneas. Alguien muy cercano a Miss Mundo me hizo saber lo que pensaban el ángel y su comparsa de este terrícola común y corriente. Prefiero no revelar la identidad del remitente porque tal vez yo merecía ese correo y detesto ser el malo de mi propia historia. 

María Julia Mantilla era muy sensible con las operaciones que se había hecho. Creo que por pudor, no le gustaba tocar ese tema. Pero era obvio, si el perfil que estaba por escribir invocaba a la belleza, comparar la nariz de su primera juventud con la de entonces. Y su sonrisa, etcétera. Incluso ella, un poco antes de que saliera el texto, tuvo una pelea en los medios, dimes y diretes con el cirujano que la dejó al dente para ganar la corona.

Yo me metí en ese terreno y recibí mi merecido. ¿Lo volvería a hacer? Sí. El texto que escribí no tiene que ver con bisturíes, sino con la leyenda que rodea a Miss Mundo. Siento mucho que ella no lo haya entendido así.

Tampoco inventé nada. Por eso, cuando volví a publicar el perfil en distintas revistas y, luego, en Dios es peruano, mi libro, no cambié ni disfracé la información. Solo tuve más tiempo para editar el texto y hacerlo estéticamente menos feo. 

Fui el cirujano del perfil.

Aquí, la versión del libro, para el que quiere saber qué tienen en común Miss Mundo y la Virgen María. MISS MUNDO.pdf

4.11.10

El Imperio de la Inca

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Antes de Inca Kola no existía. Tampoco hoy existo en muchos sentidos, pero digo que antes de publicar el reportaje sobre esa bebida gaseosa, ninguna revista me hubiese aceptado una línea. Y yo quería publicar en muchas revistas. Sobre todo en una.

La génesis de mi carrera, tal y como siempre no la imaginé, se la debo a esa gaseosa amarilla, color orina y sabor a chicle, que tanto nos gusta a los peruanos; menos a mí. Y a Marco Avilés, junto a quien escribí ese texto y que tiene el 50% de la culpa de que haya salido tal y como salió (eso sí, las partes aburridas y los errores son suyos). Y a Juio Villanueva Chang, que se atrevió a publicar a dos jóvenes desconocidos en Etiqueta Negra.

Hace pocos días me preguntaron en una universidad chilena que si el reportaje de Inca Kola era mi favorito de los que escribí. Yo dije que no, como intentando hacerme el desentendido de ese texto que hoy lo siento prehistórico. Dije también que no siento mi voz en esa crónica, y que Avilés seguro no siente la suya. Se trata de un autor híbrido que es los dos, pero que no es ninguno de nosotros. 

Si mi mejor crónica es esa, debo reconocer que ese autor fantasma me supera. Seguro es así, y supongo que algún día me volveré a juntar con Marco para escribir otro texto. El Imperio de la Inca no es mi favorito, pero sí el que más quiero.

Hace algunos años, también junto a Marco Avilés, escribimos el detrás de cámara de esa historia. Aquí se lo bajan completito: DETRAS DE CAMARA-INCA KOLA.pdf

La versión que publiqué en Dios es peruano tiene algunas modificaciones. Más que nada datos actualizados. Si no han leído el libro, valdría la pena, por mi economía familiar, que vayan a la librería más cercana.

[La imagen de arriba es de la artista Susana Torres, quien además fue adicta a la gaseosa] 

28.10.10

Pronto

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Tiempo al tiempo, pues.
En unos días más empezaré a subirle textos a Dios... es peruano.
Por ahora, El diablo es peruano.

26.10.10

Regresar

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Hace algunos meses tuve un blog o algo muy parecido a un blog. Le puse Tranquicardia porque debía tener un nombre, y esa palabra inventada entonces me sonó muy apropiada: la ubicaba entre la placidez de la lectura literaria y el ritmo frenético -cardiaco- de un cierre de prensa.

Decidí que en Tranquicardia solo escribía yo. Era un ejercicio personal que hacía público porque estoy convencido de que jamás se debe escribir solo para uno mismo. Pero no aceptaba comentarios.

En Tranquicardia contaba lo que me daba la gana de contar, bueno o malo, feo o no tanto. Y si alguien tenía tiempo y ganas de leerme en lugar de, no sé... jugar PlayStation, genial. Se lo agradezco.

Yo, de todo corazón, no tenía ganas de enterarme lo que piensan otros de lo que yo pienso. Para qué.

 

* * *

 

Todo estaba bien con Tranquicardia. Hasta que estuvo mal.

Tenía lectores, y no me parecían pocos, y a veces hasta me creía el cuento de, con el tiempo, llevar Tranquicardia a las librerías. Una tontería por donde se le mire. Ya tenía un libro publicado, 'Dios es peruano', y me invadía cierta obsesión por quitármelo de encima, sacarlo del armario y botarlo como ropa vieja. Solo volviendo a publicar, pensé, por fin me sacudiría de ese debut. Y Tranquicardia estaba en algo.

Pero entonces la familia, el trabajo, la televisión y el Play me quitaron las ganas de escribir.

Las ganas, sí. Uno suele decir que falta tiempo, cuando lo que en realidad faltan son ganas.

 

* * *

 

Regresar es volver al lugar de donde se partió.

Tengo muchas ganas de escribir.

De regresar.

 

* * *

 

Esto no es un blog. Sigue siendo un ejercicio personal, sin comentarios. Una web sin nombre dividida en dos:

1) Dios es peruano. Ya no tengo ninguna intención de renegar de mi pasado, y ese primer y único libro es, pues, mi pasado. Iré llenando este espacio con crónicas y textos antiguos pero inactuales.

2) El diablo es peruano. Que debió ser el título de mi primer libro, si es que hubiera querido que otros -además del editor y del autor- entendieran la ironía.

El diablo es peruano es lo que soy -pienso, digo, hago- ahora.

Tranquicardia murió de inanición. Me da algo de pena, pero se lo merecía.

 

* * *

Si alguien me quiere leer, pase.

Mi nombre es Daniel Titinger, soy periodista a tiempo completo, escritor de un solo libro, centrodelantero y cuchillo.

Bienvenido. Guarde silencio.