13.08.11
Francisco Mouat es un escritor chileno, periodista, comentarista deportivo de Radio ADN de Santiago, columnista de la revista
Sábado de El Mercurio, amo y señor de
Lolita Editores y maestro --la palabra es definitiva-- de un taller literario de lunes a viernes, donde tiene alumnos apasionados que lo siguen desde hace años. A Francisco Mouat lo conozco solo por correo electrónico, gracias a que me lo presentó un amigo en común, y nos habremos mandado dos o tres correos desde entonces, no más. También le mandé mi libro, 'Dios es peruano', y él me envió uno de los suyos, 'El empampado Riquelme', la historia de un hombre, un equis, un tipo normal que un día de 1956 se perdió en el desierto de Atacama. Más de cuarenta años después encontraron su cadáver. 'El empampado...' es un homenaje a la memoria de ese hombre común, un trabajo de investigación periodística, pero sobre todo de arqueología contra el olvido.
Hace poco, la hija de Francisco Mouat, Antonia, vino a Lima con su novio Alejando y me trajo dos libros de su padre, ambos de la editorial Lolita. De un tirón me leí el primero,
'Algunos adioses', y solo ahí descubrí que 'El empampado...' es solo parte de la misma obra de Francisco, de su misma preocupación por lo que seremos después de existir, por el recuerdo y la memoria, o como lo llamó el colombiano Héctor Abad Faciolince, en otro libro genial, "El olvido que seremos".
A mí también me obsesiona el tema y algún día pienso escribir una historia personal sobre alguien que marcó mi vida y de quien no existen mayores rastros, salvo un diario de sus últimos días. Creo que a este amigo en común que tenemos con Francisco le comenté eso, y fue entonces que me dijo tengo que presentarte a Pancho Mouat, tienes que leer el empampado, tienes... mientras yo seguiré pensando en escribir ese libro personal, Francisco Mouat seguirá desenterrando el olvido.
'Algunos adioses' me perseguirá mucho tiempo, y me imagino regresando al libro de vez en cuando, o mucho más seguido releyendo lo que marqué con un resaltador, por ejemplo:
Uno deja de vivir cuando ya nadie te recuerda. Ese es el momento exacto de tu muerte definitiva. Hacer memoria es prolongar la vida del recordado. Como una obsesión que me acompaña a donde voy, trabajo con los materiales de la memoria, leyendo, escribiendo, escuchando lo que otros dicen. De Sebald aprendí en 'Los emigrados' una frase que no me suelta: "Recordar a los muertos nos distingue de los animales".
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¿Cómo recordar con precisión lo que sucedió hace setenta años? La memoria, lo sabemos, es tramposa: ahí donde a veces los contornos son difusos y vagos, interviene el estado de ánimo y la necesidad de magnificar o hacer lógico el relato. Hay una manera eso sí de confrontar el olvido: hablar una y otra vez, narrar lo vivido hasta el cansancio, escribir la historia, dar testimonio, fichar hechos y posiciones y estados del espíritu, revivir detalles.
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Los materiales de un libro no hay que ir a buscarlos en viajes exóticos. Viajan contigo, y por momentos asoman la nariz.
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Sumar un recuerdo tras otro como antesala de los adioses que inevitablemente vendrán.
Son más las frases resaltadas en 'Algunos adioses' o, mejor dicho, son menos las frases no resaltadas que las resaltadas, y como este post está a un paso de ser piratería descarada, lo dejo ahí, a la espera de conocer a Francisco Mouat.
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22.07.11
Mi buen amigo Sergio Vilela, flamante editor de Planeta Colombia, acaba de abrir fuegos con 'Dios es colombiano'. Eso me alegra, porque el pasaporte de dios, ese héroe de ficción, sigue cambiando de color.
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12.07.11
El remodelado Estadio Nacional de Lima, Perú, es capaz de evidenciar su estado de ánimo. Sí, los estadios sienten, se deprimen, estallan de alegría o --sobre todo aquí-- se resignan. Y todo sucede, como en el ser humano, en
su interior. Los periodistas deportivos, a veces, fungimos de 'psicoanalistas de estadio', aunque en el Estadio Nacional eso ya no será necesario. Si por ejemplo hay gol de Perú --siempre tendría que haber gol de Perú-- y los miles de hinchas revientan en un solo grito contenido, la nueva fachada del estadio cambiará de color. Es un milagro de la tecnología LED: las luces exteriores son parte de un sistema que mide, supongo, los decibeles del público, y se tornan rojas, moradas, blancas, etcétera, de acuerdo a la bulla interna. Desde la Vía Expresa sabremos si adentro se vive una fiesta o un funeral.
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26.03.11

En pleno trance electoral, cuando al pueblo peruano -entrenado en el arte de miccionar en las calles y en las urnas- solo le queda elegir entre el horizonte menos aterrador y el fin del mundo, surge una noticia que nos levanta la moral y nos despoja, al menos mientras tanto, toda incertidumbre. No me refiero a un nuevo boom de la gastronomía peruana, invento que va pasando de moda conforme envejece Gastón, sino a la misma esencia de la vida; una noticia que nos llena el espíritu de dicha y nos lleva a izar la bandera del optimismo nacional: el peruano promedio tiene el pene más grande que el chileno de a pie.
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22.03.11
He conocido a Magdalena de la Fuente, alias Gaviota, sobrina nieta de Martín Adán, poeta maldito del Perú. Estuve investigando sobre Martín Adán para escribir un perfil que publicará la Universidad Diego Portales, de Chile, en un libro sobre poetas malditos editado por mi nueva amiga,
Leila Guerriero. Y fue en esos días locos -realmente locos y extraordinarios, ya les contaré, o quizá no-, mientras me zambullía en la vida y obra del poeta maldito del Perú, que me encontré cara a cara con esta sobrina nieta, un personaje de cuento, o de otra crónica dedicada solo ella. Porque pasan los días y pienso que aparecer en el guión solo como sobrina nieta no le hace honores: es demasiado poco para Magdalena de la Fuente, personaje principal de cualquier novela rosa, film kitch, crónica freak, o una mala porno. Así que más pronto que tarde escribiré un perfil sobre ti, querida Gaviota. Si tú me dejas, claro. Sobre todo -y tú lo sabes- porque estás completamente loca.
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15.01.11
Estuve en San Pedro de Lloc, un lugar alejado y viejo y algo rancio y apacible al norte del Perú, y tuve mucho tiempo para no enterarme de varias cosas. Mi hospedaje no tenía internet, y terminé agradeciéndolo: necesitaba un par de días en
pause.
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1.01.11

Objetivo: publicar un libro y cerrar así, con 'Dios es peruano', el capítulo Perú de mi vida.
Subjetivo: no creo que lo haga.
Feliz 2011.
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24.12.10
Esta historia empieza con un tal Kevin Arango Aroni y sus ganas de ir al baño. Ese acto, tan banal y escatológico, le cambió la vida. Pero lo extraño no es eso -a todos nos cambia la vida ir al baño de vez en cuando-, sino que esta historia solo podría ser noticia en un país como el Perú.
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11.12.10
Se viven días literarios en el Perú, mi país. O eso parece. La gente, digo el ciudadano de a pie, el pasajero del Metropolitano, sabe hasta el color de calzoncillos que usó Mario Vargas Llosa al recibir el Nobel. A eso le estamos llamando
cultura: estar informados. El Perú se culturiza.
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5.12.10
El peruano no sabe decir no, decía
hace un rato.
Lo recordé mientras leía un libro alucinante del alucinante Enrique Vila-Matas. En Bartleby y compañía, esa novela-ensayo, Vila-Matas hace un listado (notas al pie de página) de todos esos escritores que, de pronto, dejaron de escribir. En el arte, decir que NO puede ser también un modo de expresión. O una enfermedad, síndrome, mal endémico. Una rebelión.
El protagonista del libro recuerda a Camus: "¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no".
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